domingo, noviembre 28, 2004

No nos nombren a las madres por favor

Hoy estoy la ostia de cabreado. El futuro gastronómico de este país está abocado al desastre. Y ya no son los estudios que dicen cada día que si comemos menos fruta, pescado, verduras (habida cuenta de las clavadas que se permiten cobrarte por unos tomates de invernadero, a veces no me extraña) que si la dieta mediterranea se sustituye por el aquí-te-pillo-aquí-te-mato culinariamente hablando (no te jode, con las jornadas laborales que muchos se gastan, hasta el más cocinillas cae en la tentación de darse una vuelta por la sección de congelados y preparados del super). Pero esto último ya ha sido la pera.
Anuncio en TV. Unos tetabriks con caldo de pollo, de verdura o de carne. Vale, no todos tienen la paciencia de poner a levantar el agua con ese mimo y cariño que un buen fondo o un caldo rico reuiere. Lo que me indgnó fue el puntazo final del anuncio de marras: Mejor que el de mi madre. Ayyyyyyy amigo, eso no. A las madres ni tocarlas porque no se lo merecen. Porque bastante trabajo han tenido para educarnos en el gusto del buen comer, en la rectitud gastronómica, que bastante nos han tenido que aguantar pegados a las faldas y asomando la nariz por los pucheros, para que se les venga a ofender de esa manera. Me niego. Igual que otro anuncio de un paté de pescado que nos suelta así de repente sus propiedades sustitutivas del pescado. O sea, que comerte un bocata de ese paté es similar a comerte un Rodaballo de pincho ¿no?
Así que como homenaje a las madres (y padres ¿eh? que también algunos cocinan que es un primor) vigilantes de los pucheros, ahí va esa receta casera del caldo de pollo ( fondo de ave dicho más finolis) vía Michel Roux, cocinero francés y maestro en el arte de combinar flores, plantas, comida y dejarnos boquiabiertos con sus invenciones:

Fondo de ave:
Ingredientes:
Un pollo de 1,5 kgrs o el mismo peso en carcasas o alas de pollos escaldadas y pasadas por agua fría.
200 grs de zanahoria troceadas
2 puerros troceados (sólo parte blanca)
1 tallo de apio cortado en pedazos gruesos
1 cebolla en la que se habrán incrustado dos clavos
Un buen bouquet garní (o sea, una hojita de laurel, perejil, tomillo y una hoja verde de puerro)

Cubir el pollo o las carcasas con unos dos litros y medio de agua fría a fuego muy fuerte. Cuando hierva bajar el fuego hasta que de ligeros borbotones el agua. Espumar la superficie y a continuación añadir el resto de los ingredientes. Cocer a fuego lento sin que llegue a hervir durante una hora y media. Finalmente, se cuela el caldo por un chino y se enfría rápidamente, por aquello de la formación bacteriana.

Ahora que me venga un listillo de la agencia publicitaria que hizo ese anuncio, que le invito a comparar su tetabrick y esta receta, a ver si mantienen eso de Mejor que el de mi madre.

viernes, noviembre 26, 2004

Soria existe

El zapping a veces puede ser muy provechoso. Quién me iba a decir que en la penúltima cadena (Popular TV) del mando a distancia me iba a topar con Maria Luisa. Les concreto. Es una mujer de mediana edad, menuda, de sonrisa ancha, ojos vivos. Es de esas personas que a las primera ya te llama por tu nombre (no saben lo que se aprecia eso en una mole como Madrid) pero que lo que más me gustó de ella es la pasión con la que hablaba de su trabajo. Maria Luisa es cocinera y regenta su restaurante : La cocina de Maria Luisa. Un día dejó su pueblo Navaleno (Soria) y se vino bajo el brazo con todo lo que su madre le ha bía enseñado a la city, a Madrí, y se montó su restaurante.
Y ahí estaba ella desgranando parte de su carta: Jabalí estofado como en Navaleno, trucha de la Fuentona, Manitas rellenas de foie pero especial atención ( sobre todo en estos días) al universo de las setas, interpretado a la manera soriana. Cocina no apta para fusionistas, sifonistas, esferificadores.
Y lo más importante ( y de ahí toda esta chapa) es la pasión con la que hablaba durante la entrevista Maria Luisa, una pasión de esas que te hace reconciliarte con la cocina, con el género humano, de que hay gente de que se parte la cara de verdad por echar personalidad en un plato y que el comensal lo disfrute como si lo hubiera cocinado su misma madre.
Yo no sé ustedes pero a mi me va a faltar tiempo para ir a probar ese estofado de Jabalí y seguramente felicitarla por esa reconciliación.

martes, noviembre 23, 2004

Surrealismo gastronómico

¿Qué hacen en una misma cocina una japonesa vestida al modo tradicional con su kimono, un gastrónomo furioso, dos amas de casa, una abuela fumadora, un neozelandés, un joven vergonzoso que no levanta la vista de la tabla y una chica que es capaz de cocinar en tacones gracilmente y sin caerse? La estampa es casi de camarote de los hermanos Marx pero es cierta como que la he vivido este fin de semana.
Todo empezó con un concurso de cocina en Córdoba. Nuestro querido Gastrónomo furioso se fue a esa fantástica ciudad, acompañado de su querida Patichula, con su receta bajo el brazo (venga, va, la digo...Croquetas de Gazpacho...qué alegrías nos das Google a los personajes anónimos como moi) ya que había quedado como finalista. Córdoba es una ciudad preciosa que huele a aceite por todos los lados y si hay que hacer un muestreo estadístico con las personas que pude encontrar este fin de semana, desde luego que el resultado no puede ser más positivo y esperanzador para el género humano.
Desde luego que más que un concurso, aquella cocina en la que nos juntamos los doce finalistas se asemejaba más a una sociedad gastronómica de las que hay en País Vasco o Navarra. Y como bien me señaló Patichula, una de las cosas más interesantes que se podía ver en aquel reducido espacio de 30 metros cuadrados, dos fogones, siete tablas, una plancha y megafreidora-que-lo-flipas es la solidaridad entre extraños, algo de lo que habla mucho Takeshi Kitano en sus películas. Así que de ambiente competitivo, la verdad es que muy poco. Todo empezaba con un tímido ¿y tú qué estás haciendo? Para acabar compartiendo recetas y trucos de cocina como si de un club de canasta se tratara. No olvide el lector volver la vista al primer párrafo para darse cuenta del placentero surrealismo que puede originarse cuando neozelandés le explica a uno como hace una tapa de Chorizo a la Naranja y Gelatina al Fino de Montilla-Moriles. Ahora pónganle el acento guiri más cerrado y digan conmigo Chourisso. O explicar que el Gazpacho, si se quiere, se puede tomar de otras formas además de bebido. ¿Y un plato que reproduzca el bouquet de un vino? ¿Y quién dijo que la cocina japonesa y cordobesa, además de rima consonante, pueden fusionarse en forma de tapa? ¿Y cuál es la piedra filosofal para hacer los mejores pimientos asados que un gastrónomo furioso haya podido echarse al gaznate? ¿Y qué es lo que pasa te dicen con aplastante convicción la Intenné no hace un plato como lo hago yo? Ahí tienen una aproximación a lo vivido este fin de semana.
Y yo encantado porque no hay nada más placentero amiguitos (como diría nuestro DJdemielda ) que ver a doce extraños compartiendo todos sus secretos con la misma pasión y verlos cómo los reciben, los procesan y adaptan.
Y ahora les dejo, porque estoy en pleno proceso de adaptar una de las recetas que me fueron reveladas este fin de semana.
Today on the kitchen: Lomos de atún rojo, con salsa de soja, naranja y jengibre.

viernes, noviembre 19, 2004

Lo confieso Marquesa....le voy a ser infiel

Señora Marquesa de Parabere (o más conocida María Mestayer de Echagüe).

Prefiero no andarme con preámbulos. He conocido a otra. Con ello no quiero decir que con su obra La cocina completa nuestra relación haya sido mala. Nada más lejos de mi sana intención. Tengo que decir que a lo largo de nuestra relación, he aprendido mucho con Usted. Yo no me hago solidaria de los fracasos me dijo al comienzo de nuestra relación. Y así fue... como mis primeras pruebas de Bacalao ligado (y no al pil-pil como Usted siempre ha insistido en llamarlo) fueron penosas, ¿se acuerda?, las innumerables salsas con aquellos enrevesados nombres en francés, ¡ay! Marquesa...pero creo que nuestra relación no va a durar mucho porque hay otra...se llama Larousse Gastronómico y aunque tiene más o menos su misma edad (nació en 1938) por fin habla mi idioma. Creo que junto a ella aprenderé mucho porque dicen que es la mejor en su oficio. Por eso Marquesa creo que ha llegado el momento de despedirnos...por cierto Marquesa...¿tiene algo de pasta para dejarme, que el librito de marras cuesta 95 euros?

miércoles, noviembre 17, 2004

¡¡Defendamos el Tiramisú!! (un cuento perdido en mitad de ninguna parte)

A petición del amigo DJdemierda, vamos con una gastrohistoria.

Érase un Gastrónomo furioso perdido en un hotel rural donde Cristo perdió el mechero, donde los politonos no daban por culo y en el que para cocinar, había que apañárselas con aquello que Madre Tierra venían a dar. Porque...¿qué proveedor de carne o de pescado tendría los arrestos para adentrarse cuatro kilómetros cuesta arriba de ida por una sinuosa pista de tierra para dejar sus pedidos y tirar para abajo otra vez? Así que de la noche a la mañana, Gastrónomo furioso se había convertido, temporalmente, en vegetariano.
La vida transcurría tranquila en aquel hotelito, rodeado de gente encantadora con un concepto de felicidad de bolsillos vacíos pero de sonrisa plena, y los huespedes celebraban con sonoros vitores lo que nuestro protagonista cocinaba: berenjenas, zanahorias, vainas, tomates, lechugas, pimientos y una colección de especias de las que Gastrónomo furioso sólo conocía por los libros: Garam masala, canela marroquí, harisha, turmenic, galanga...Por eso nuestro amigo aprendía, aprendía mucho.
Una de las cosas que mejor aprendió Gastrónomo furioso fue a hacer el Tiramisú, habida cuenta de que su profesora era una italiana, Salijah, reconvertida al Islám, y que insistía en que sólo se metería manos a la masa con el rock and roll que Gastrónomo furioso solía pinchar en la cocina. Así que ¿qué mejor oportunidad de aprender tamaño postre italiano que en una fiesta de cumpleaños para 70 personas?
Después de cerrar la cocina, Salijah y Gastrónomo furioso se pusieron manos a la obra. Ella le enseñó todo lo qué había que saber sobre el Tiramisú, a saber:que la mayoría de los bizcochos y de los quesos mascarpone que se pueden encontrar en las tiendas son una mierda pero que oye, hay que apañarse como uno mejormente pueda. En dos horas, siete hermosos pasteles, siete, ya estaban prestos para ser devorados al día siguiente.
-Siguro que estará puor aquí él-dijo Salijah
-¿Quién-pregunto Gastrónomo furioso
-Il vicepresidente...-repondió ella- il presidente di la asociacione española del Tiramisú...se dedican a comere todos los Tiramisús para "guardare" que la receta originale
Aunque el asociacionismo nunca había sido el fuerte de Gastrónomo furioso pero ¿una asociación que se dedicaba a papear ese delicioso postre por toda España para salvaguardar su honor y su buen hacer? ¡¡¡Dios!!! Aquello sonaba muy grande...Si aquella oportunidad había venido a buscarle entre tanto flipadete por el Tiramisú, allí perdido de la mano de Dios, es que algo significaba aquello.
-Puor eso- continuó Salijah en aquel "spañolo" que ella hablaba - habrá que defenderlo a muerte- dijo señalando al último de los Tiramisús, el que más expectación había creado a nuestro Gastrónomo furioso: el Tiramisu de naranja. Efectivamente, no estaba hecho según la ortodoxia clásica que seguro la asociación defendía...pero ¡qué narices! aquello era Tiramisú y si había que defender a puños el honor de aque el pastel, Gastrónomo furioso sería el último en hacerlo, ya que él era pacifista, libra y poco amante de las broncas.
Y llegó el día de la fiesta. Y llegó él, el vicepresidente. Salijah y él eran viejos conocidos porque no era la primera vez que su Tiramisú de naranja no era reconocido por su asociación...pero esta vez no contaban con la persuasión de nuestro personaje.
El señor en cuestión se acercó con el plato a la mesa en la que se servían porciones de la tarta.
-Buena pinta tiene, vaya que sí-dijo refiréndose al de naranja.
-Así que de la asociación española del Tiramisú?-se autopresentó Gastrónomo furioso- ¿me das una hoja de inscripción?
-Bueno bueno, después de que cate este de naranja...
-Sí sí, vale...pero ¿qué hay que hacer para ser socio?-él sonrió y se alejó a paso seguro a su mesa. Salijah no le quitaba ojo de encima.
-Ya verás...vendrá como todos los años para decirme qui como lleva naranja, que no está hecho con las normas clásicas...
Efectivamente, no tardó ni cinco minutos para repetir la misma cantinela que Salijah había predicho.
-Todo eso está muy bien...pero ¿qué hay que hacer para ser socio de tu asociación- respondió Gastrónomo furioso después de que el vicepresidente soltara sus argumentos.
-Bueno, luego te bajo una hoja...
-Y qué...no te ha gustado? ¿No es Tiramisú?
-Sí, pero no es la receta clásic...
-Y qué...estaba malo ¿eh? Que no que no, lo que necesitáis son nuevos bríos, nuevos aires en en vuestra asociación y dejar que entren nuevas ideas...como esta creación, como yo, que seré un garante de los valores clásicos pero sin dejar de mirar el futuro...¿tienes una hoja de inscripción a mano? ¿Firmo ya ?¿Eh?
Después de repetir tres veces y varias insistencias por parte de Gastrónomo furioso el vicepresidente se acercó a la mesa.
-Salijah, este año me has convencido...ahora mismo mandaría un fax pero aquí...de todas todas que sepas que tu Tiramisú de naranja será reconocido por nuestra asociación. Felicidades.
-¿Y mi solicitiud?- respondió Gastrónomo furioso...
-Mañana, mañana hablamos...
Y como bien dijo Cervantes, Por la calle del ya voy, se llega a la casa del nunca y Gastrónomo furioso se volvió a la ciudad, se despidió de sus amigos del hotel rural hasta una próxima ocasión, Salijah se volvió con marido y sus hijas a Inglaterra con su postre reconocido.
Hoy en día, se cuenta que nuestro protagonista aún está esperando al vicepresidente de la asociación española del Tiramisú con la hoja de inscripción. De hecho amenaza con hacer este postre con queso Philadelphia como reclamo a ver si aparece de ujna puñetera vez.

lunes, noviembre 15, 2004

El hooligan gastronómico

Hoy amiguetes, vamos a hablar de esos platos que provocan pasiones. Todos lo hacen por definición, pero hay algunos que ya es un cagarse y no de gusto precisamente (espero me disculpen la escatología).
Está claro que hay dos platos que provocan una gran discusión a la manera de Sócrates, a saber, que a través de darle y darle a la labia, al final se puede llegar a una aproximación a la verdad total (la Mayeutica, algo así como empujar y empujar en un quirófano hasta dar a luz la verdad). A mi parecer, estos platos son el Gazpacho y la Tortilla de Patatas.
A la luz del primero, baste echar un vistazo a la cantidad de variantes que existen sobre este plato preromano (cordobés, sevillano, extremeño, verde de Huelva, de Antequera, de ëcija, de piñones de Córdoba otra vez...) pero todas son plenamente aceptadas y conviven perfectamente entre ellas, en paz, armonía y buen rollo para nuestros estómagos.
En cuanto a la Tortilla de Patatas, digamos que pasaría igual pero sin ser lo mismo, que dirían Martes y Trece. Patatas, huevos, sal y aceite de oliva...pero no hay dos tortillas de patatas iguales y eso hace que este plato sea muy grande. Luego vienen las variantes que haga cada uno. Leo sólo dos ejemplos en el fantástico libro Homenaje a la tortilla de patata (y regalo de mi querida Patichula): tortilla de patatas ahumada al horno de leña de Joan Roca, setas de primavera laminadas en aceite de lemon grass, huevo revuelto de caserio, crujuiente de patata y queso de cabra de Josean Martínez Alíja. Casi nada...
Pero ¡ay amigos!...existe un plato que estimula desde las bajas pasiones hasta los nacionalismos más exacerbados (vamos, más o menos lo mismo)...y ese plato es la Paella. No existe otra creación gastronómica de receta más cerrada y ortodoxa que la Paella. Y al lorete si te saltas algunos de los puntos, ayyyyyyy date por jodido/a si no hay garrafones en tu Paella o le eches guisantes. Podrás ser acusado de contubernio gastronomomasónico o lo que es peor: que tu Paella es murciana o alicantina en el mejor de los casos y lo peor, que tu plato sea condenado al ostracismo bajo la consigna eso es arroz con pollo. Y otra cosa...¿porqué coño hay que comerla en domingo? ¿Y porque mi RH no sea valenciano y me espanten los fuegos artificiales no me va a salir bien una paella?
Al hilo de este tema, les cuento un chiste que escuché hace poco:
Dos españoles iban a ir de cacería a un bosque.
- "Para no perdernos -dice uno- llevaré una brújula".
- "Está bien -responde el otro-. Yo, por si nos perdemos, llevaré arroz, azafrán, pollo, trozos de carne de cerdo, camarones, almejas y una paellera".
Pregunta muy intrigado el amigo:
- "Y todo eso ¿de qué nos servirá en caso de que nos extraviemos en el bosque?" Explica el otro español:
- "Hombre, si nos perdemos y no llega nadie en nuestra ayuda, encenderé fuego y empezaré a hacer una paella. Verás como inmediatamente aparecerán cien gilipollas para decirme que así no se hace una paella" .

Pues eso...que me voy a hacer un arroz a la riojana que a mi me gusta incluso más que la Paella...y para que se jodan los hooligans de este plato, ahí va la última: el arroz a la riojana me lo hago en la paella; obsérvese que no he dicho paellera...y es más: lo dejo hacer un poco más y coje una costra rica rica que en mi casa le llamamos agarrao. ¿Qué? ¿Ah sí? ¿Que se llama socarrat? Pues vaya novedad...

jueves, noviembre 11, 2004

Neptuno devora a sus tomates

Por fin se acabó la espera...ayer mi horno dio a luz diez esmirriados y escuchimizados tomates. De aspecto sano y mejillas bermellonas, rápidamente reconocieron el careto de su papi, a saber, el pelma ese que no hacía más que mirarlos a través de la puerta del horno y no dejaba de decir menudo ostión de luz me va a caer este mes.
Así que como un Neptuno al uso, me ha faltado tiempo de arrancarlos de la cunita en la que dormían su placentero y arrugadete sueño y lanzarlos a un bol, mezclarlos con dos cucharadas de tomillo, una y media de romero, media cucharadita de pimentón picante, un ajito molido, seis cucharadas de aceite de oliva, otra de piñones, unas veinte de aceitunas negras y finalmente añadir un poquito de azúcar por aquello de la acidez del tomate (espero Mariapresurada que haya tomado buena nota de la receta). Antes de que abrieran sus ojitos ya habían sido triturados con la batidora. Todo fue rápido, doloroso (tantas horas asistiendo a su parto, pues claro, eso deja una huella en uno, que uno tampoco es tan inhumano...¿no?)...pero el resultado final, un delicioso pesto rojo, ha valido la pena tamaño arrebato de asesinato gastronómico.
(Querida Patuchula...desconozco la factura de luz que nos va a caer por la aventura de los tomates en el horno pero sí te auguro una pizza vegetal casera con esta salsita como base para esta noche que promete muuuuucho)

miércoles, noviembre 10, 2004

Leonardo Da Vinci...el chef más freak

Que no...que de momento me resito a irme de Italia. Al hilo de los tomates secos sicilianos, no me he podido resistir hacer otra recomendación literariogastronómica. Si quieren echarse unas risas con uno de los mayores genios y desastres que vio el Renacimiento, haganse con el libro Notas de cocina de cocina de Leonardo da Vinci .
Se trata de una serie de apuntes encontrados en 1981 en un monasterio en Ulm (Alemania) y que nos muestra a un tipo más obsesionado por los entresijos de la cocina que en convertirse en polivalente hombre de su tiempo que pinta, esculpe, construye, decora, limpia, abrillanta y trabaja de sol a sol para su señor...y todo por el mismo precio.
Pero en aquellos tiempos, sus ideas regeneradoras de la gastronomía de la época, basadas fundamentalmente en chupar un hueso de ternera hasta dejarlo brillante como la calva de Mortadelo y sonoro eructo a posteriori (no apruebo la costumbre de mi señor de limpiar su cuchillo en los faldones de sus vecinos de mesa. ¿por qué no puede, como las demás personas de la corte, limpiarlo en el mantel dispuesto con ese propósito? escribió en su diario) no fueron entendidas. Sus flores de calabacín casi le cuestan una paliza y un lanzamiento en caida libre del puente abajo por parte de unos obreros a los que insiste en servirles tan fino adorno. Peor suerte llevaron dos siervos de su mecenas, el gobernador de Milán Ludovico Sforza, que sufrieron la muerte a cargo de uno de los inventos de Leonardo: la maquina de cortar berros. El invento en cuestión era una birria, a tenor de sus resultados. Sin embargo Ludovico Sforzale pidió al inventor que remodelara el artilugio gastronómico en una máquina militar para una batalla que está llevando a cabo contra otro señor feudal. Ludovico empezaba a hartarse de los inventos gastronómicos de Leonardo: La polea movida por tres caballos para cascar nueces, criadillas de cordero a la crema, anchoas sobre un nabo tallado en forma de rana o la máquina que convierte lasaña en espagueti e incluso diseños de los primeros tapetes de cocina. Pese a las vacaciones forzosas que le obligan a cogerse en Santa María delle Grazie para que pinte un algo("sólo" pintó La última cena, después de comerse todas las reservas del monasterio y bajo amenaza de expulsión del padre superior si no pintaba algo de una puñetera vez y dejara de soplar todo el vino de las bodegas) y se le pase la tontería esa de pintar maneras de doblar las servilletas, el delirio de Leonardo por reformar la cocina y sus habitaculos, le lleva a idear una de sus grandes obras gastronómicas: un diseño de su espacio de trabajo ideal con dependencias tales como el extractor de humos (¡bien!), los primeros extintores en la cocina (¡sí señor!), un ciclista que movía una cinta transportadora con la que se alimentaban de leña los hornos (?¿?¿?) la picadora de carne...invento este último que hubiera funcionado si Leonardo no hubiera insistido en meter las vacas enteras. Lo peor fue que todo eso se llevó a cabo de verdad y la nueva cocina fue presentada en una cena de gala en la que las sillas y las mesas eran de polenta, uva y nueces (por supuesto, idea de nuestro colega Leonardo)...y por supuesto el final fue un completo desastre: varios pinche-cliclistas abrasados vivos, la picadora de vaca convirtió la cocina en un remake de La Matanza de Texas...y ratas y pájaron intentando comerse el mobiliario y enfrascados en una battala a muerte con los invitados que siembran el suelo de con los cadaveres de los animales.
Atención productores de cine...aquí tienen un filón para una película. Otro gastrónomo furioso, en definitiva. Eso sí, algunos de sus inventos perduran en la actualidad: la máquina de hacer pasta que se puede comprar en cualquier tienda, responde a un diseño de Leonardo.
Y ahora les dejo que tengo unos tomates en el horno secándose.



martes, noviembre 09, 2004

Una pasta en luz...¡espero que valga para algo!

Me cabrea mucho que cuanto más leo y veo sobre Sicilia, menos sé de esta isla italiana. No me puedo remitir a la trilogía del Padrino...y después de haber leido un fantástico libro titulado La Mafia se sienta a la mesa creo que aún conozco menos Sicilia...¿de verdad ha existido un sitio en la tierra así? ¡Dios, cuando cocino en lo máximo que pienso es quitarme de encima ese trozo de aguja de ternera que lleva cinco días en el frigo y comienza a hablarme!! Y esta gente eran capaces de hacer unos banquetes inmensos antes, durante o después de cargarse al concursante sufridor invitado al condumio. Eso sí, como la tradición manda, antes de dar el último bocado, la víctima escuchaba aquello de En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, mi casa es la casa de usted, incluso durante mi ausencia. Mi pan es su pan, mi ajo es su ajo, mi sal es su sal y mi vino es su vino. Así sea Acojona, ¿eh? ¿Y quien no se cagaría ahí en el sitio si te recitan su ausencia frente a unas olivitas negras deshidratadas al solete de Calabria?. Historias aparte del libro, de lectura muy recomendada, además de desgranar historias de la Mala Vita, La Mafia se sienta a la mesa viene aderezada con unas recetas espectaculares. Y es ahí donde Gastrónomo furioso, cuan monito de zoo, le da por repetir algunas de ellas. Concretamente los tomates secados al sol. Una delicia. Un sabor único. Una pasta que te cagas en el Corte Inglés, o en las tiendas de Delicatessen (qué fino, oyes). Así que bajo el lema punk Hazlo tu mismo, mi horno lleva casi 24 horas seguidas a muy baja temperatura secando tomates, intentando imitar a una terraza soleada de Sicilia. Aún no puedo contar el resultado...pero me voy a dar de cabezazos en la pared cuando me llegue la próxima factura de luz. Tiempo amiguetes, tiempo. Y como la cabra tira siempre al monte, por si acaso tengo que cocinar en los próximos meses con un mechero o con las velas del todo a cien, ya ando en tratos y contratos con un italiano que los vende de buen rollo a través de la red. Todo sea por un delicioso pesto rojo siciliano. ¡God bless el comercio electrónico!