A dos euros la docena de castañas asadas. Ahí es nada lo que me clavaron en una céntrica calle de Madrid el otro día. Soy un friki de tamaño fruto de otoño-invierno. Pero a fuerza de semejante precio, a uno le quitan las ganas. Aunque más que el precio, en sí era el sabor porque igual me hubiera dado meterme una bola de algodón (y no de azúcar) en la boca y ponerme a mascar. Uno con la experiencia ya se le ha hecho el morrito fino con las castañas y por lo menos en lo que se refiere a Madrid, no he tenido mucha suerte que se diga. Sí, muy gordas pero poco más. Ni crujen, están más cocidas y ni rastro de sabor a brasa. Porque el tipo de madera con el que se asen, en esa distancia tan corta, es donde una buena castaña se la juega, y las últimas que me eché a la boca creo que estaban hechas con pastillas caloríficas de esas que se les echa a la barbacoa. ¿Alguien sabe de algún castañero que las haga buenas? Me acuerdo del que se ponía en la plaza de mi pueblo de pequeño. El hombre sólo tenía un reclamo: su voz (no aterciopelada precisamente) que decía
Que quemaaann, que quemaaaannnn. Y además de ser cierto, estaban realmente deliciosas. Y esto no es una trampa del recuerdo infantil al estilo Proust, de esas que lo que pruebas de pequeño lo idealizas y blah blah blah. Que no, que esas castañas eran deliciosas.
Por cierto, y hablando de métodos de asar castañas, ¿sabían ustedes que los japoneses las asan en la arena? El método consiste en llenar la mitad de una sartén grande con cantos rodados pequeñitos ("coios") del río y calentar esa sartén agujereada, hasta que las piedrecitas estén como brasas. Se meten entonces las castañas, cortadas, y se mezclan dando vueltas con las piedrecillas, que ayudan a asarlas en una forma uniforme. Para darle sabor a la cáscara se les añade a esas piedras, algunas veces, miel.
Este fruto de tiempo tan corto es muchgo más versátil de lo que parece. Un ilustre invitado que ya ha desfilado por estas páginas, Leonardo Da Vinci, recogía en sus notas de cocina el siguiente plato:
Sopa de castañas a la manera de Leonardo Da vinci
Golpead las castañas con un martillo para quebrarlas y hervidlas primero en agua sola. Luego de un rato las sacaréis y pelaréis todas las pieles que aún queden sobre ellas. A continuación, las herviréis suavemente durante más largo rato en un caldo de gallina hasta que estén lo bastante blandas para poder pasar fácilmente por el cedazo. Entonces calentadlas con aceite, miel, sal y pimienta, adornadlas con pequeñas hojas y ya tendréis la sopa de castañas.
También pueden probar a convertir las castañas, junto a una mezcla de pimienta, nata, cebolla, ajo o lo que el amigo lector desee, en un fantástico relleno de carnes o de aves.
Los más avezados pueden probar
Castañas con chorizos de la siguiente manera: hágase un potajede alubias hermoso y variado al gusto. Se le añade como un kilo de castañas hervidas y pasadas por el tamiz y finalmente los chorizos. Mejor freirlos previamente para quepierdan grasa. Sí...para quitar el frío. Y basta hervirlas, convertirlas en puré y unidas a un poco de nata y especiar al gusto para convertir las castañas en un
acompañamiento ideal para una buena caza. ¿Unos flamenquines de venado rellenos de mostaza de Dijon con esa salsa, por ejemplo?
Y en lo referente a los postres la palma se la lleve el
Marron Glace, elevado a la categoria finolis por las damas de Versalles, pero que ya lo venían haciendo los griegos y los romanos sumerjiendo todo fruto que arramplaban en miel. Sin ebargo, se pueden añadir más variantes en tan dulce categoría. Por ejemplo, ¿hace unas
tortitas de castañas? Nada, agarren medio kilo de castañas, un par de huevos, unos 20 grs. de azúcar, 60 grs. de pan rallado, una pizca de sal y una pizca de nuez moscada si gusta. Hierva las castañas y paselas por el pasapurés una vez frías y bien peladas. Mezclar ese pure con el huevo, el azúcar, la sal y la nuez moscada (vale canela, matalauva o lo que se prefiera) y mezclar muy bien hasta que se puedan hacer unas seis tortitas con esta mezcla. Después no queda más que pasar por pan rallado, freir y espolvorar de azúcar.
Da para bastante este fruto para lo poco que dura en los campos...y los precios a que te las clavan en algunos sitios. Por cierto la
búsqueda virtual de castañas puede resultar...esto, bueno, yo qué sé.