lunes, julio 25, 2005

¿Somos lo que comemos?

Ahí estaba yo, ocioso cuan osezno rebañando un tarro de miel, echando un vistazo al siempre fantástico Blog del Pingüe Gourmet. Se hablaba sobre lo qué comerían los bastardos que se volaron en Londres el pasado 7 de julio. Y se me ocurrió llevar esta idea más allá (es lo que tiene vivir con una guionistaescritora, que todo se acaba pegando)...¿qué comerán todos los hijoputas que hay en el mundo? Porque mira que hay Josputas por ahí danzando. Además que este pensamiento me cogió nada más terminar de ver el documental Super Size me, en el que el director se infla durante un mes a Big Macs. El resultado: sorprendentemente un hígado como el de Rocky IV, apatía y depresión. Todo esto en conjunto me ha puesto algo metafísico y me he acordado de los indios, los yoguis, el budismo y de unas buenas personas con las que pasé cocinando un tiempo y con las que aprendí mucho.
Según me contaron por supuesto somos todo lo que comemos. Desde siempre los yoguis han dividido la alimentación en tres grandes grupos según los estados de la persona. El primero son alimentos satvicos o sea, alientos puros y de verdad como frutas, vegetales, una alimentación que ayudará a lograr un estado mental muy espiritual, relajado y armonioso.
El siguiente grupo de alientos serían los rajásicos; estos son los más consumidos (carnes rojas, pescados, ajo, especias, café...) porque se corresponderían con el estado al que más solemos tender las personas: pasional, que busca el placer, que se muestra inquieto y que necesita alimentarse para llevar a cabo su día. Pues bien, una sobredosis de esto alimentos llevaría a un estado de fatiga, agitación y ansiedad.
Y finalmente estarían los alimentos rajasicos, correspondientes a un estado mental de violencia, agitación...vamos, lo que decíamos al principio de un verdadero cabronazo. Aquí entraría todo tipo de cocina que ha sido tratada químicamente (¡¡ay Dios!! esto va por las listas de conservantesterilizantepotenciadores) con pesticidas (!!!ay Dios!!! ¿Los tomates Raff también contarán?) o comida que haya sido hecha en unas condiciones lamentables (¡¡¡¡¡Ay Dios!!!!! Voy a tirar el aceite de fritura de octava generación ahora mismo) y nada de alcohol.
Yo es que soy Libra y tomo un poquito de esto y un poquito de lo otro...aunque conforme uno se hace mayor va adoptando costumbres más sátvicas, por decirlo así, también creo que el estado espiritual y de trance que te provocan unos buenos chorizos a la sidra como los que he podido disfrutar este fin de semana Gijón, tampoco pasa nada.
Así que hijos de puta del mundo, a alimentarse bien.

lunes, julio 18, 2005

¿Por qué es un coñazo (a veces) de vivir con un gastrónomo furioso y derivados?

-Porque si vives en una casa del tamaño de la ministra y si abres un armario de la cocina, probablemente te caerá encima la tapa de una olla o un colador (incidente desencadenante de este post)
-Porque el frigo está lleno de pequeños tarros (por ejemplo: un tupercillo con aceite y gelatina de bacalao, otro con troncos de bacalao en aceite de oliva, otro con el aceite de confitar pimientos del piquillo, otro con un pollo marinándose en aceite y lima, un biberón con vinagreta de cebollino...y no cuento lo del congelador) que mejor personas ajenas no toquen y menos tiren no sea que provoque una catástrofe mundial.
-Porque siempre el Gastónomo Furioso siempre insistirá en tener sus libros de cocina (siempre los más gordos además, para joder) en dónde sino más que en la cocina.
-Porque aparecen bayas de Cardamomo y Hierbaluisa al lado de los botes de espaguetis...pero ay del que se le ocurra tirarlas
-Porque entre el cebollero, el deshuesador, las dos puntillas, el de serrar el pan y el japonés ya no caben más cuchillos y cerrar ese cajón en un rollazo.
-Porque ir a una librería ya no es divertido si el Gastrónomo Furioso no mira por decimoctava vez ese libro sobre el bacalao que ha editado Tábula y que vale un riñón.
-Porque la factura de la luz se dispara si al Gastrónomo Furioso le da por deshidratar verduritas o secar tomates
-Porque hay cuatro tipos botellas de aceite de oliva de diferentes clases y que a nadie se le ocurra utilizarlas a boleo.
-Porque aunque ese día no haya vinagre de Jerez, por encima de su cadaver utilizarán el vinagre de arroz para aliñar la ensalada.
-Porque se pone aún más furioso si se tira hasta las tres de la mañana desentrañando los misterios del router inalámbrico de marras en vez de estar empollándose el libro de panes que se acaba de comprar.
-Porque la leche de coco y las pastillas de leche de almendra llevan más de seis meses compradas y guardadas perfectamente en ese tarro, ocupando espacio pero oye, algún día habrá que darle salida ¿no? Todo es cuestión de tiempo.
-Porque todas las cuajadas que hay en el mercado son una mierda comparadas con la que hace él, con la leche de oveja pasada por la piedra quemda y con cuajo de la oveja. ¡¡Te jodes Iturriaga!!
-Porque no hay más sitio para los tuperwares, para las harinas.
-Porque no tiene espacio para comprarse una máquina para hacer pasta que sino
-Porque deja la cocina hecha una mierda
-Porque le gusta cocinar con Slayer a todo volumen (el gazpacho no sale igual)

Superado todo eso, es muy fácil llevarse bien con los de nuestra especie.