¿Somos lo que comemos?
Ahí estaba yo, ocioso cuan osezno rebañando un tarro de miel, echando un vistazo al siempre fantástico Blog del Pingüe Gourmet. Se hablaba sobre lo qué comerían los bastardos que se volaron en Londres el pasado 7 de julio. Y se me ocurrió llevar esta idea más allá (es lo que tiene vivir con una guionistaescritora, que todo se acaba pegando)...¿qué comerán todos los hijoputas que hay en el mundo? Porque mira que hay Josputas por ahí danzando. Además que este pensamiento me cogió nada más terminar de ver el documental Super Size me, en el que el director se infla durante un mes a Big Macs. El resultado: sorprendentemente un hígado como el de Rocky IV, apatía y depresión. Todo esto en conjunto me ha puesto algo metafísico y me he acordado de los indios, los yoguis, el budismo y de unas buenas personas con las que pasé cocinando un tiempo y con las que aprendí mucho.
Según me contaron por supuesto somos todo lo que comemos. Desde siempre los yoguis han dividido la alimentación en tres grandes grupos según los estados de la persona. El primero son alimentos satvicos o sea, alientos puros y de verdad como frutas, vegetales, una alimentación que ayudará a lograr un estado mental muy espiritual, relajado y armonioso.
El siguiente grupo de alientos serían los rajásicos; estos son los más consumidos (carnes rojas, pescados, ajo, especias, café...) porque se corresponderían con el estado al que más solemos tender las personas: pasional, que busca el placer, que se muestra inquieto y que necesita alimentarse para llevar a cabo su día. Pues bien, una sobredosis de esto alimentos llevaría a un estado de fatiga, agitación y ansiedad.
Y finalmente estarían los alimentos rajasicos, correspondientes a un estado mental de violencia, agitación...vamos, lo que decíamos al principio de un verdadero cabronazo. Aquí entraría todo tipo de cocina que ha sido tratada químicamente (¡¡ay Dios!! esto va por las listas de conservantesterilizantepotenciadores) con pesticidas (!!!ay Dios!!! ¿Los tomates Raff también contarán?) o comida que haya sido hecha en unas condiciones lamentables (¡¡¡¡¡Ay Dios!!!!! Voy a tirar el aceite de fritura de octava generación ahora mismo) y nada de alcohol.
Yo es que soy Libra y tomo un poquito de esto y un poquito de lo otro...aunque conforme uno se hace mayor va adoptando costumbres más sátvicas, por decirlo así, también creo que el estado espiritual y de trance que te provocan unos buenos chorizos a la sidra como los que he podido disfrutar este fin de semana Gijón, tampoco pasa nada.
Así que hijos de puta del mundo, a alimentarse bien.

