martes, junio 19, 2007

Cosas que dan retorcijones

Regla primera de un buen festival del humor: tu chiste debe tener la duración justa. Si lo estiras mal...
Pero, ¿qué sucede cuándo tu chiste no tiene ni puta gracia? Pues sencillo: que te dan una columna en el ABC para que una y otra vez vuelvas a hablar de lo mismo, sin arte y como bien dice el amigo DJ Flow al grito de "¡¡aquí se come como Dios manda!!".
En fin, en el festival de humor gastronómico que se ha montado el señor Anotonio Burgos, hoy le ha tocado a los helados: pasen y vean.
(No quiero imaginarme la cara que va a poner el DjFlow cuando vea los comentarios sesudos del columnista sobre Dylan. Aquí hay guantazos para todos)

miércoles, junio 13, 2007

Cosas que dan dolor de tripa

Más que las croquetas rebozadas y crudas que dicen los los amigos de Glotonia (yo he logrado amplios progresos en este campo con txistorra de Arbizu cruda) hay cosas que a uno le dan todavía más dolor de barriga. Lean la jajoya de Antonio Burgos de hoy, un intento de crítica y crítico tan trasnochado como el humor de los Morancos.

martes, junio 05, 2007

Marineros y Johnny Cash

¿Saben lo que es esa sensación de electricidad en el aire? Pero de esa de verdad, como la de segundos antes de las doce de la mañana un seis de julio en Pamplona. Avatares de la vida me han vuelto a llevar a esa sensación. Esa vez cambiamos la Plaza del Ayuntamiento de la vieja Iruña por el Estrecho de Gibraltar surcado en un barco de esos que se caen a cachos y que le cuesta chupar gasoil, junto marineros que no hace falta que te digan mucho para verles en la cara que la vida sigue siendo muy chunga para ellos, algo así como ver una foto de Johnny Cash.
Objetivo: ver una pesca de almadraba...quizá la antepenúltima que podamos ver en mucho tiempo. Resultado: la pernera del pantalón llena de sangre, la cubierta llena de melvas, sardas, caballas, peces voladores, un atún rojo atascado en las mallas y que llevaba un día muerto...y sobre todo ver cómo esa electricidad se iba apagando poco a poco, al mismo ritmo que se perdía la marea y el viento cambiaba de direccón, mientras el patrón cabeceaba con gestos lentos de resignación, con ganas recuperar los tiempos de las patentes de corso y torpedear algunos barcos con jaulas y sus avionetas que les están quitando el jornal.
No les puedo obsequiar con fotografías por aquello de la confidencialidad del momento y por el celo de las personas que me dejaron embarcar, que ya bastante tienen con lo que tienen, peleando en Bruselas para que los gabachos les concedan una moratoria y dejen descansar al mar de 15 a 20 años.
Al volver a puerto me contaban que algunos atunes andan despistados por el aumento de la temperatura en el agua y han desviado sus rutas. Con las inundaciones que asolan Madrid y sus agujeros cada dos por tres quién sabe si la M30 podría ser un buen lugar para que los atunes se despisten...