¿Saben lo que es esa sensación de electricidad en el aire? Pero de esa de verdad, como la de segundos antes de las doce de la mañana un seis de julio en Pamplona. Avatares de la vida me han vuelto a llevar a esa sensación. Esa vez cambiamos la Plaza del Ayuntamiento de la vieja Iruña por el Estrecho de Gibraltar surcado en un barco de esos que se caen a cachos y que le cuesta chupar gasoil, junto marineros que no hace falta que te digan mucho para verles en la cara que la vida sigue siendo muy chunga para ellos, algo así como ver una foto de Johnny Cash.
Objetivo: ver una pesca de almadraba...quizá la antepenúltima que podamos ver en mucho tiempo. Resultado: la pernera del pantalón llena de sangre, la cubierta llena de melvas, sardas, caballas, peces voladores, un atún rojo atascado en las mallas y que llevaba un día muerto...y sobre todo ver cómo esa electricidad se iba apagando poco a poco, al mismo ritmo que se perdía la marea y el viento cambiaba de direccón, mientras el patrón cabeceaba con gestos lentos de resignación, con ganas recuperar los tiempos de las patentes de corso y torpedear algunos barcos con jaulas y sus avionetas que les están quitando el jornal.
No les puedo obsequiar con fotografías por aquello de la confidencialidad del momento y por el celo de las personas que me dejaron embarcar, que ya bastante tienen con lo que tienen, peleando en Bruselas para que los gabachos les concedan una moratoria y dejen descansar al mar de 15 a 20 años.
Al volver a puerto me contaban que algunos atunes andan despistados por el aumento de la temperatura en el agua y han desviado sus rutas. Con las inundaciones que asolan Madrid y sus agujeros cada dos por tres quién sabe si la M30 podría ser un buen lugar para que los atunes se despisten...